La noche del 23 de junio, en el solsticio de verano, se enciende el fuego. Los fallaires hacen girar vertiginosamente las fallas — antorchas encendidas — creando grandes bolas de fuego que iluminan la noche más corta del año. Es un ritual ancestral común a todos los Pirineos, que une pueblos de Andorra, Cataluña, Aragón, Occitania y más allá.
En 2015, las Falles de Sant Joan de Andorra la Vella fueron inscritas por la UNESCO en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, dentro de la candidatura multinacional de las Fiestas del fuego del solsticio de verano en los Pirineos. Es el gran sello de autoridad cultural del país.
Cómo se vive
La cita grande es en Andorra la Vella, donde los fallaires bajan haciendo girar el fuego ante miles de personas. La fiesta enlaza con la verbena de Sant Joan y, pocas semanas después, con el ciclo de las fiestas mayores del verano.